CERTAMEN JUVENIL 2016

Están abiertas las inscripciones para el 1º Certamen Juvenil organizado por "La Hora del Cuento". Pueden participar jóvenes de 12 a 17 años de edad de toda la República Argentina. Inscripción gratuita.

CERTAMEN de INVIERNO 2016

Estan abiertas las inscripciones para el clásico Certamen de Invierno que organiza "La Hora del Cuento". Quienes estén interesados en participar pueden solicitar las bases o inscribirse directamente enviando un correo electrónico a contacto@lahoradelcuento.org

12º Encuentro Hispanohablante de Narrativa y Poesía "LETRAS de OTOÑO"

Los pasados 19, 20 y 21 de mayo se llevó a cabo el clásico Encuentro de Escritores de otoño que realiza "La Hora del Cuento" en la localidad de Bialet Massé (Córdoba, Argentina). Puede visitar las distintas entradas que hablan de él en este website.

Creamos libros en papel y digitales

Nuestra sección Editorial le permite al escritor acceder de manera más fácil a la publicación de su obra. Si está pensando en publicar en papel o en formato digital no dude en consultarnos.

1º Encuentro Coral "Voces que liberan sueños"

Los días 30 de septiembre y 1º de Octubre de 2016 se realizará en la localidad de Bialet Massé el 1º Encuentro Coral "Voces que liberans sueños" organizado por "La Hora del Cuento". Las inscripciones están abiertas para los coros que deseen participar.

26 de junio de 2016

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25 de junio de 2016

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20 de junio de 2016

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19 de junio de 2016

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19 de mayo de 2016

En preparativos previos

A pocas horas del inicio de nuestro 12° Encuentro Hispanohablante de Narradores y Poetas “LETRAS de OTOÑO” 2016

12 de mayo de 2016

Críticas literarias falsas




Todo el mundo utiliza Internet para algo. La red de redes ya es parte de todos los hogares del mundo globalizado. Incluso en los sectores más vulnerables en algún punto alguien o algo tiene una conexión a Internet. Es entonces que la famosa red es un canal magnífico para utilizarlo como vidriera de consulta para la adquisición de un producto, y los libros no son ajeno a ello.

Muchos lectores hoy por hoy utilizan Internet como un canal de consulta rápido para obtener las tendencias y decidir qué libro nuevo comprarán para engrosar sus bibliotecas. Muchos no se dirigen primeramente a una librería online, ni tampoco lo hacen a la librería que está a la vuelta de la esquina, no… simplemente leen las famosas y clásicas “críticas literarias”; las cuales ahora pululan por cualquier web y el número de “críticos literarios” se han exponenciado en cientos, una proliferación que no tiene parangón.

Pero la pregunta del millón es: ¿realmente es una “crítica literaria” o en realidad apunta a la “publicidad literaria”? Amazon y Play Store de Google son dos de las grandes empresas que ofertan libros digitales y que han sido alcanzadas por estas famosas “reviews” literarias. Las críticas, dependiendo si son negativas o positivas, hacen que el mercado se desbalancee, y es el lector quien hace uso de la palanca para lograrlo basándose en la lectura, muchas veces, de críticas malintencionadas.

Últimamente muchos lectores sienten cierto “fraude” y “engaño” al momento de leer los best-sellers recomendados por muchos websites que se dedican a la crítica de libros. Sienten que han sido estafados al momento de adquirir una literatura pobre y en muchos casos algo totalmente opuesto a lo que pensaban estaban adquiriendo.

Una crítica positiva en un mercado tan efervescente como el online hace que un libro como “50 sombras de Grey” facture millones de dólares en ventas y que luego sus lectores expongan críticas que rayan lo demencial por destrozarlo. Lo mismo pasa con libros que son apoyados con masivas campañas de marketing de las distintas editoriales y cuyos autores son completamente desconocidos para el mundo literario. Tal vez sea una casualidad que hoy por hoy en cada editorial se descubren casi a diario genios escritores que realizan un best-seller tras otro.

Como recomendación antes de comprar un libro es utilizar la Internet como una pantalla de consulta sobre su autor, poder dirigirse a webs que permitan la lectura de algún capítulo de manera online, leer la crítica de los lectores que ya leyeron ese libro, o bien encontrar críticas literarias en websites de renombre cuyos críticos tienen años llevándolas a cabo.

No es una tarea fácil, sino ardua. En un mundo digital en constante movimiento no es fácil ser objetivo y tomar objetividad online. Queda en manos de lector ir puliendo cada vez más las armas para lograr un objetivo más certero al momento de adquirir un libro y no guiarse tanto por la opinión de terceros.



Miguel Luis Aguilera

11 de mayo de 2016

Tesis sobre el cuento



Por Ricardo Piglia

I

En uno de sus cuadernos de notas, Chejov registró esta anécdota: "Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida". La forma clásica del cuento está condensada en el núcleo de ese relato futuro y no escrito.

Contra lo previsible y convencional (jugar-perder-suicidarse), la intriga se plantea como una paradoja. La anécdota tiende a desvincular la historia del juego y la historia del suicidio. Esa escisión es clave para definir el carácter doble de la forma del cuento.

Primera tesis: un cuento siempre cuenta dos historias.


II

El cuento clásico (Poe, Quiroga) narra en primer plano la historia 1 (el relato del juego) y construye en secreto la historia 2 (el relato del suicidio). El arte del cuentista consiste en saber cifrar la historia 2 en los intersticios de la historia 1. Un relato visible esconde un relato secreto, narrado de un modo elíptico y fragmentario.

El efecto de sorpresa se produce cuando el final de la historia secreta aparece en la superficie.


III

Cada una de las dos historias se cuenta de un modo distinto. Trabajar con dos historias quiere decir trabajar con dos sistemas diferentes de causalidad. Los mismos acontecimientos entran simultáneamente en dos lógicas narrativas antagónicas. Los elementos esenciales del cuento tienen doble función y son usados de manera distinta en cada una de las dos historias. Los puntos de cruce son el fundamento de la construcción.


IV

En "La muerte y la brújula", al comienzo del relato, un tendero se decide a publicar un libro. Ese libro está ahí porque es imprescindible en el armado de la historia secreta. ¿Cómo hacer para que un gángster como Red Scharlach esté al tanto de las complejas tradiciones judías y sea capaz de tenderle a Lönnrott una trampa mística y filosófica? El autor, Borges, le consigue ese libro para que se instruya. Al mismo tiempo utiliza la historia 1 para disimular esa función: el libro parece estar ahí por contigüidad con el asesinato de Yarmolinsky y responde a una casualidad irónica. "Uno de esos tenderos que han descubierto que cualquier hombre se resigna a comprar cualquier libro publicó una edición popular de la Historia de la secta de Hasidim." Lo que es superfluo en una historia, es básico en la otra. El libro del tendero es un ejemplo (como el volumen de Las mil y una noches en "El Sur", como la cicatriz en "La forma de la espada") de la materia ambigua que hace funcionar la microscópica máquina narrativa de un cuento.


V

El cuento es un relato que encierra un relato secreto.

No se trata de un sentido oculto que dependa de la interpretación: el enigma no es otra cosa que una historia que se cuenta de un modo enigmático. La estrategia del relato está puesta al servicio de esa narración cifrada. ¿Cómo contar una historia mientras se está contando otra? Esa pregunta sintetiza los problemas técnicos del cuento.

Segunda tesis: la historia secreta es la clave de la forma del cuento.


VI

La versión moderna del cuento que viene de Chéjov, Katherine Mansfield, Sherwood Anderson, el Joyce de Dublineses, abandona el final sorpresivo y la estructura cerrada; trabaja la tensión entre las dos historias sin resolverla nunca. La historia secreta se cuenta de un modo cada vez más elusivo. El cuento clásico a lo Poe contaba una historia anunciando que había otra; el cuento moderno cuenta dos historias como si fueran una sola.

La teoría del iceberg de Hemingway es la primera síntesis de ese proceso de transformación: lo más importante nunca se cuenta. La historia secreta se construye con lo no dicho, con el sobreentendido y la alusión.


VII

"El gran río de los dos corazones", uno de los relatos fundamentales de Hemingway, cifra hasta tal punto la historia 2 (los efectos de la guerra en Nick Adams), que el cuento parece la descripción trivial de una excursión de pesca. Hemingway pone toda su pericia en la narración hermética de la historia secreta. Usa con tal maestría el arte de la elipsis que logra que se note la ausencia de otro relato.

¿Qué hubiera hecho Hemingway con la anécdota de Chejov? Narrar con detalles precisos la partida y el ambiente donde se desarrolla el juego, y la técnica que usa el jugador para apostar, y el tipo de bebida que toma. No decir nunca que ese hombre se va a suicidar, pero escribir el cuento como si el lector ya lo supiera.


VIII

Kafka cuenta con claridad y sencillez la historia secreta y narra sigilosamente la historia visible hasta convertirla en algo enigmático y oscuro. Esa inversión funda lo "kafkiano".

La historia del suicidio en la anécdota de Chejov sería narrada por Kafka en primer plano y con toda naturalidad. Lo terrible estaría centrado en la partida, narrada de un modo elíptico y amenazador.


IX

Para Borges, la historia 1 es un género y la historia 2 es siempre la misma. Para atenuar o disimular la monotonía de esta historia secreta, Borges recurre a las variantes narrativas que le ofrecen los géneros. Todos los cuentos de Borges están construidos con ese procedimiento.

La historia visible, el cuento, en la anécdota de Chejov, sería contada por Borges según los estereotipos (levemente parodiados) de una tradición o de un género. Una partida de taba entre gauchos perseguidos (digamos) en los fondos de un almacén, en la llanura entrerriana, contada por un viejo soldado de la caballería de Urquiza, amigo de Hilario Ascasubi. El relato del suicidio sería una historia construida con la duplicidad y la condensación de la vida de un hombre en una escena o acto único que define su destino.


X

La variante fundamental que introdujo Borges en la historia del cuento consistió en hacer de la construcción cifrada de la historia 2 el tema del relato. Borges narra las maniobras de alguien que construye perversamente una trama secreta con los materiales de una historia visible. En "La muerte y la brújula", la historia 2 es una construcción deliberada de Scharlach. Lo mismo ocurre con Azevedo Bandeira en "El muerto", con Nolam en "Tema del traidor y del héroe".

Borges (como Poe, como Kafka) sabía transformar en anécdota los problemas de la forma de narrar.


XI

El cuento se construye para hacer aparecer artificialmente algo que estaba oculto. Reproduce la búsqueda siempre renovada de una experiencia única que nos permita ver, bajo la superficie opaca de la vida, una verdad secreta. "La visión instantánea que nos hace descubrir lo desconocido, no en una lejana tierra incógnita, sino en el corazón mismo de lo inmediato", decía Rimbaud.

Esa iluminación profana se ha convertido en la forma del cuento.

Partes de un libro: el error de llamar "portada" a la "cubierta" de un libro

Existe un error clásico y muy difundido a la hora de hablar de la tapa de un libro. El error radica en que algunos llaman “portada” a lo que en realidad es la “cubierta” del libro. Este error tan clásico entre lectores y escritores merece un detenimiento para esclarecer cuáles son verdaderamente las partes principales de un libro.

La “cubierta” de un libro se encuentra en el exterior del mismo, y es a la cual todos llamamos como “tapa”.

La “portada” de un libro se encuentra en el interior de libro y es la página que tiene el título del libro, el nombre de su autor y del sello editorial.

La “portada” puede ser la página 3 o 5, no es algo exacto, y todo depende de la maquetación y diseño del libro, dado que puede o no tener portadilla o si es libro de bolsillo o no.

La diferencia es bien clara entonces. Por más que en muchos medios literarios se llame “portada” a la “cubierta” exterior o tapa del libro ahora sabemos que es erróneo y que sería bueno su corrección. Incluso a muchos de los diseñadores de cubiertas se los denomina erróneamente “portadistas”.

En la imagen siguiente se pueden apreciar las páginas correctas de la maquetación de un libro:




Organización Cultural "La Hora del Cuento"
www.lahoradelcuentobm.com

10 de mayo de 2016

Sobre la novela y el cuento corto



Por Phillip Dick


La diferencia entre un relato corto y una novela reside en lo siguiente: un relato corto puede tratar de un crimen; una novela trata del criminal, y los hechos derivan de una estructura psicológica que, si el escritor conoce su oficio, habrá descrito previamente. Por consiguiente, la diferencia entre un relato corto y una novela no es muy grande; por ejemplo, La larga marcha, de William Styron, se ha publicado ahora como "novela corta", cuando fue publicada por primera vez en Discovery como "relato largo". Esto significa que si lo leen en Discovery están leyendo un relato, pero si compran la edición de bolsillo van a leer una novela. Con eso basta.

Las novelas cumplen una condición que no se encuentra en los relatos cortos: el requisito de que el lector simpatice o se familiarice hasta tal punto con el protagonista que se sienta impulsado a creer que haría lo mismo en sus circunstancias... o, en el caso de la narrativa escapista, que le gustaría hacer lo mismo. En un relato no es necesario crear tal identificación, pues 1) no hay espacio suficiente para proporcionar tantos datos y 2) como se pone el énfasis en los hechos, y no en el autor de los mismos, carece realmente de importancia -dentro de unos límites razonables, por supuesto- quién es el criminal. En un relato, se conoce a los protagonistas por sus actos; en una novela sucede al revés; se describe a los personajes y después hacen algo muy personal, derivado de su naturaleza individual. Podemos afirmar que los sucesos de una novela son únicos, no se encuentran en otras obras; sin embargo, los mismos hechos acaecen una y otra vez en los relatos hasta que, por fin, se establece un código cifrado entre el lector y el autor. No estoy seguro de que esto sea especialmente negativo.

Además, una novela -en particular una novela de ciencia ficción- crea todo un mundo, aderezado con toda clase de detalles insignificantes..., insignificantes, quizá, para describir los personajes de la novela, pero vitales para que el lector complete su comprensión de todo ese mundo ficticio. En un relato, por otra parte, usted se siente transportado a otro mundo cuando los melodramas se le vienen encima desde todas las paredes de la habitación... como describió una vez Ray Bradbury. Este solo hecho catapulta el relato hacia la ciencia ficción.

Un relato de ciencia ficción exige una premisa inicial que le desligue por completo de nuestro mundo actual. Toda buena narrativa ha de llevar a cabo esta ruptura, tanto en la lectura como en la escritura. Hay que describir un mundo ficticio totalmente. Sin embargo, un escritor de ciencia ficción se halla sometido a una presión más intensa que en obras como, por ejemplo, Paul's Case o Big Blonde, dos variedades de la narrativa general que siempre permanecerán con nosotros.

En los relatos de ciencia ficción se describen hechos de ciencia ficción; en las novelas de este tema se describen mundos. Los relatos de esta colección describen cadenas de acontecimientos. El nudo central de los relatos es una crisis, una situación límite en la que el autor involucra a sus personajes, hasta tal extremo que no parece existir solución. Y luego, por lo general, les proporciona una salida. Sin embargo, los acontecimientos de una novela están tan enraizados en la personalidad del protagonista que, para sacarlo de sus apuros, debería volver atrás y reescribir su personaje. Esta necesidad no se encuentra en un relato, sobre todo cuanto más breves sea (relatos largos como Muerte en Venecia, de Thomas Mann, o la obra de Styron antes comentada son, en realidad, novelas cortas). De todo esto se deduce por qué los escritores de ciencia ficción pueden escribir cuentos pero no novelas, o novelas pero no cuentos; todo puede ocurrir en un cuento; el autor adapta sus personajes al tema central. El cuento es mucho menos restrictivo que una novela, en términos de acontecimientos. Cuando un escritor acomete una novela, ésta empieza poco a poco a encarcelarlo, a restarle libertad; sus propios personajes se rebelan y hacen lo que les apetece... no lo que a él le gustaría que hicieran. En ello reside la solidez de una novela, por una parte, y su debilidad, por otra.

La canción del no y el sí




Por Bertolt Brecht


1
Hubo un tiempo en que creía, cuando aún era inocente,
y lo fui hace tiempo igual que tú:
quizás también me llegue uno a mí
y entonces tengo que saber qué hacer.
Y si tiene dinero
y si es amable
y su cuello está limpio también entre semana
y si sabe lo que le corresponde a una señora
entonces diré «No».
Hay que mantener la cabeza bien alta
y quedarse como si no pasara nada.
Seguro que la luna brilló toda la noche,
seguro que la barca se desató de la orilla,
pero nada más pudo suceder.
Sí, no puede una tumbarse simplemente,
sí, hay que ser fría y sin corazón.
Sí, tantas cosas podrían suceder,
ay, la única respuesta posible: No.

2
El primero que vino fue un hombre de Kent
que era como un hombre debe ser.
El segundo tenía tres barcos en el puerto
y el tercero estaba loco por mí.
Y al tener dinero
y al ser amables
y al llevar los cuellos limpios incluso entre semana
y al saber lo que le corresponde a una señora,
les dije a todos: «No».
Mantuve la cabeza bien alta
y me quedé como si no pasara nada.
Seguro que la luna brilló toda la noche,
seguro que la barca se desató de la orilla,
pero nada más pudo suceder.
Sí, no puede una tumbarse simplemente,
sí, hay que ser fría y sin corazón.
Sí, tantas cosas podrían suceder ,
ay, la única respuesta posible: No.

3
Sin embargo un buen día, y era un día azul,
llegó uno que no me rogó
y colgó su sombrero en un clavo en mi cuarto
y yo ya no sabía lo que hacía.
Y aunque no tenía dinero
y aunque no era amable
ni su cuello estaba limpio ni siquiera el domingo
ni sabía lo que le corresponde a una señora,
a él no le dije «No».
No mantuve la cabeza bien alta
y no me quedé como si no pasara nada.
Ay, la luna brilló toda la noche,
y la barca permaneció amarrada a la orilla,
¡y no pudo ser de otra forma!
Sí, no hay más que tumbarse simplemente,
sí, no puede una permanecer fría ni carecer de corazón.
Ay, tuvieron que pasar tantas cosas,
sí, no pudo haber ningún No.

Debilidades



Por Bertolt Brecht


No tenías ninguna,
yo solo una,
que amaba.

9 de mayo de 2016

Necesidades...

Cuando las palabras se convierten en sensaciones, y las sensaciones se convierten en experiencia, a continuación, las historias cobran vida.


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7 de mayo de 2016

La rosa enferma



de William Blake

Estás enferma, ¡oh rosa!
El gusano invisible,
que vuela, por la noche,
en el aullar del viento,

tu lecho descubrió
de alegría escarlata,
y su amor sombrío y secreto
consume tu vida.

6 de mayo de 2016

"Sueño" de Haruki Murakami



"En todo caso, volví al sofa y abrí el libro. Me pregunté cuántos años hacía que no leía sentada de un modo tan relajado. Por las tardes, durante mi tiempo libre, a veces permanecía unos treinta minutos o una hora ante un libro abierto. Pero, hablando con propiedad, aquello no era lectura. Mientras leía, siempre acababa pensando en otra cosa. En mi hijo, en las compras, en que la nevera no funcionaba bien, en qué me pondría para asistir a la boda de algún pariente, en la operación de estómago de mi padre del mes anterior: esos asuntos me venían de pronto a la cabeza y, uno tras otro, iban hinchándose y derivando en direcciones distintas. Al final, lo único que había avanzado era la hora y yo seguía estando casi ante la misma página."

(Del libro "Sueño", de Haruki Murakami)

Médicos ingleses prescriben lectura de poesía y novela como cura para la depresión y la ansiedad


Como parte del tratamiento contra la depresión y la ansiedad, asociaciones médicas y de bibliotecarios en Inglaterra se unen para prescribir la literatura como cura para estas enfermedades mentales.
Se ha hablado en varias ocasiones sobre el poder empático de la literatura, ese rasgo netamente humano que hace a la letra escrita vehículo de conexión y de lazo, de experimentación en carne propia de emociones, situaciones y pensamientos aparentemente ficticios pero que nuestro cerebro es capaz de volverlos casi reales. Desde Aristóteles hasta Roland Barthes y teóricos más cercanos, en nuestra época, a la neurociencia en su cruce con la estética, se ha documentado profusamente esa posibilidad transformadora de la literatura.
Siguiendo un poco esta tendencia, médicos en Inglaterra se preparan para prescribir la lectura de poesía y narrativa a enfermos mentales como parte de su tratamiento terapéutico.
Apoyados por el gobierno del país y en colaboración con asociaciones locales de bibliotecarios, los doctores comenzarán a enviar a sus pacientes que sufren ansiedad y depresión a su biblioteca más cercana en busca de determinados títulos, en particular de poesía y novela, aunque también del llamado género de “autoayuda”.
La lista de libros fue elaborada por la asociación Reading Agency, en incluye títulos explícitos como El manual para sentirse bien (The Feeling Good Handbook) pero también una interesante selección de “Libros para boostear tu ánimo”, en la cual se incluyen obras de conocidos humoristas anglófonos como Bill Bryson o el clásico Breve historia del mundo del historiador del arte Ernst H. Gombrich.
La iniciativa permite que los médicos ordenen en su receta una membresía a la biblioteca que el paciente tenga a la mano, así como acceso inmediato a los títulos recomendados.

“Si el libro que leemos no nos despierta como un puño que nos golpeara en el cráneo, ¿para qué lo leemos? ¿Para que nos haga felices? Dios mío, también seríamos felices si no tuviéramos libros, y podríamos, si fuera necesario, escribir nosotros mismos los libros que nos hagan felices. Pero lo que debemos temer son esos libros que se precipitan sobre nosotros como la mala suerte y que nos perturban profundamente, como la muerte de alguien a quien amamos más que a nosotros mismos, como el suicidio. Un libro debe ser como un pico de hielo que rompa el mar congelado que tenemos dentro”. 

Kafka, en Carta a a Oskar Pollak (1904)



Fuente: http://bit.ly/1rzgFww

2 de mayo de 2016

FALLO de los “3º Certámenes de Verano”



FALLO de los “3º Certámenes de Verano”
organizados por la Organización Cultural "La Hora del Cuento"

FALLO DEL JURADO
“3º Certámenes de Verano”
(2016)


En la localidad de Bialet Massé (Córdoba, Argentina) a los dos días del mes de Mayo de 2016, la Organización Cultural “La Hora del Cuento” y el Jurado por ella designado para los distintos géneros en concurso comunican los resultados correspondientes a los diferentes géneros literarios.
La organización desea agradecer a todos los participantes que confiaron en ella, tanto de Argentina como así también de los países hermanos de habla hispana.

Como primera instancia se realizó una pre-selección en la cual se constató rigurosamente que los trabajos enviados por los escritores cumplieran las bases formales impuestas para los distintos certámenes. Luego, los distintos integrantes del jurado realizaron las correspondientes lecturas individuales de los textos arrojando sus respectivos ganadores y menciones de honor.

Los que hubieran obtenido 1º, 2º y 3º premio tendrán su obra publicada en nuestra próxima Antología en papel y también recibirán su certificado.

Los mencionados también recibirán su certificado.

Ambos, premiados y mencionados, serán parte también de la "antología digital" correspondiente a estos certámenes y a publicarse en el mes de Junio próximo.

Todos los participantes recibirán en la casilla de correo electrónico con el cual participaron el listado de Premiados y Menciones de Honor.

Vaya nuestra felicitación para todos los ganadores, y nuestro agradecimiento a todos los que participaron de esta enriquecedora actividad.

Para ver los resultados diríjase al siguiente enlace correspondiente a nuestro website oficial:

http://www.lahoradelcuentobm.com/p/historial-premiaciones-certamenes-de.html

3 de abril de 2016

12º Encuentro de Escritores "LETRAS de OTOÑO" - ÚLTIMOS DÍAS de INSCRIPCIÓN



*** Últimos días para INSCRIBIRTE ***

Estimado escritor/a estamos en los últimos días previos al cierre de inscripción para nuestro 12º Encuentro Hispanohablante de Narradores y Poetas "LETRAS de OTOÑO" a realizarse en Bialet Massé (Córdoba, Argentina). El evento se realizará los días 19, 20 y 21 de Mayo próximo.

Si estás interesado/a en participar envíanos un e-mail a:  encuentros@lahoradelcuentoBM.com  que te responderemos con toda la información necesaria sobre inscripción y hotelería para asistir al mismo.

Pueden participar escritores de cualquier país hispanohablante.

Las inscripciones cierran el día 15 de Abril próximo.

¡No dejes la inscripción para los últimos días! ¡Reservá tu plaza hotelera con tiempo!

Organización Cultural "La Hora del Cuento"
www.lahoradelcuentobm.com

24 de marzo de 2016

Los dones de las hadas



Por Charles Baudelaire

Había gran asamblea de hadas para proceder al reparto de dones entre todos los recién nacidos llegados a la vida en las últimas veinticuatro horas.
Todas aquellas antiguas y caprichosas hermanas del Destino; todas aquellas madres raras del gozo y del dolor, eran muy diferentes: tenían unas aspecto sombrío y ceñudo; otras, aspecto alocado y malicioso; unas, jóvenes que habían sido siempre jóvenes; otras, viejas que habían sido siempre viejas.
Todos los padres que tienen fe en las hadas habían acudido, llevando cada cual a su recién nacido en brazos.
Los dones, las facultades, los buenos azares, las circunstancias invencibles habíanse acumulado junto al tribunal, como los premios en el estrado para su reparto. Lo que en ello había de particular era que los dones no servían de recompensa a un esfuerzo, sino, por el contrario, eran una gracia concedida al que no había vivido aún, gracia capaz de determinar su destino y convertirse lo mismo en fuente de su desgracia que de su felicidad.
Las pobres hadas estaban ocupadísimas, porque la multitud de solicitantes era grande, y la gente intermediaria puesta entre el hombre y Dios está sometida, como nosotros, a la terrible ley del tiempo y de su infinita posteridad, los días, las horas, los minutos y los segundos.
En verdad, estaban tan azoradas como ministros en día de audiencia o como empleados del Monte de Piedad cuando una fiesta nacional autoriza los desempeños gratuitos. Hasta creo que miraban de tiempo en tiempo la manecilla del reloj con tanta impaciencia como jueces humanos que, en sesión desde por la mañana, no pueden por menos de soñar con la hora de comer, con la familia y con sus zapatillas adoradas. Si en la justicia sobrenatural hay algo de precipitación y de azar, no nos asombremos de que ocurra lo mismo alguna vez en la justicia humana. Seríamos nosotros, en tal caso, jueces injustos.
También se cometieron aquel día ciertas ligerezas que podrían llamarse raras si la prudencia, más que el capricho, fuese carácter distintivo y eterno de las hadas.
Así, el poder de atraer mágicamente a la fortuna se adjudicó al único heredero de una familia riquísima, que, por no estar dotada de ningún sentido de caridad y tampoco de codicia ninguna por los bienes más visibles de la vida, habían de verse más adelante prodigiosamente enredados entre sus millones.
Así, se dio el amor a la Belleza y a la Fuerza poética al hijo de un sombrío pobretón, cantero de oficio, que de ninguna manera pedía favorecer las disposiciones ni aliviar las necesidades de su deplorable progenitura.
Se me olvidaba deciros que el reparto, en casos tan solemnes, es sin apelación, y que no hay don que pueda rehusarse.
Levantábanse todas las hadas, creyendo cumplida su faena, porque ya no quedaba regalo ninguno, largueza ninguna que echar a toda aquella morralla humana, cuando un buen hombre, un pobre comerciantillo, según creo, se levantó, y cogiendo del vestido de vapores multicolores al hada que más cerca tenía, exclamó:
«¡Eh! ¡Señora! ¡Que nos olvida! Todavía falta mi chico. No quiero haber venido en balde.»
El hada podía verse en un aprieto, porque nada quedaba ya. Acordose a tiempo, sin embargo, de una ley muy conocida, aunque rara vez aplicada, en el mundo sobrenatural habitado por aquellas deidades impalpables amigas del hombre y obligadas con frecuencia a doblegarse a sus pasiones, tales como las hadas, gnomos, las salamandras, las sílfides, los silfos, las nixas, los ondinos y las ondinas -quiero decir de la ley que concede a las hadas, en casos semejantes, o sea en el caso de haberse agotado los lotes, la facultad de conceder otro, suplementario y excepcional, siempre que tenga imaginación bastante para crearlo de repente.
Así, pues, la buena hada contestó, con aplomo digno de su rango: «¡Doy a tu hijo..., le doy... el don de agradar!»
«Pero, ¿agradar cómo? ¿Agradar?... ¿Agradar por qué?» -preguntó tenazmente el tenderillo, que sin duda sería uno de esos razonadores tan abundantes, incapaz de levantarse hasta la lógica de lo absurdo.
«¡Porque sí! ¡Porque sí!» -replicó el hada colérica, volviéndole la espalda; y al incorporarse al cortejo de sus compañeras, les iba diciendo-: «¿Qué os parece ese francesito vanidoso, que quiere entenderlo todo, y que, encima de lograr para su hijo el don mejor, aun se atreve a preguntar y a discutir lo indiscutible"

El cazador de orquídeas



Por Roberto Arlt

Djamil entró en mi camarote y me dijo: Señor, ya están apareciendo las primeras montañas.
Abandoné precipitadamente mi encierro y fui a apoyarme de codos en la borda. Las aguas estaban bravías y azules mientras que en el confín la línea de montañas de Madagascar parecía comunicarle al agua la frialdad de su sombra. Poco me imaginaba que dos días después me iba a encontrar en Tananarivo con mi primo Guillermo Emilio, y que desde ese encuentro me naciera la repugnancia que me estremece cada vez que oigo hablar de las orquídeas.
Efectivamente, dudo que en el reino vegetal exista un monstruo más hermoso y repelente que esta flor histérica, y tan caprichosa, que la veréis bajo la forma de un andrajo gris permanecer muerta durante meses y meses en el fondo de una caja, hasta que un día, bruscamente, se despierta, se despereza y comienza a reflorecer, coloreándose las tintas más vivas.
Yo ignoraba todas estas particularidades de la flor, hasta que tropecé con Guillermo Emilio, precisamente en Madagascar.
Creo haber dicho que Guillermo Emilio era cazador de orquídeas. Durante mucho tiempo se dedicó a esta cacería en el sur del Brasil; pero luego, habiendo la justicia pedido su extradición por no sé qué delito de estafa, de un gran salto compuesto de numerosos y misteriosos zigzags se trasladó a Colombia. En Colombia formó parte de una expedición inglesa que en el espacio de pocos meses cazó dos mil ejemplares de orquídeas en las boscosas montañas de Nueva Granada. La expedición estaba costosamente equipada, y cuando los ingleses llegaron a Bogotá, de los dos mil ejemplares les quedaban vivos únicamente dos. El resto, malignamente, se había marchitado, y el financiador de la empresa, un lustrabotas enriquecido, enloqueció de furor.
Completamente empobrecido, y además mal mirado por la policía, Guillermo Emilio emigró a México, donde pretende que él fue el primero que descubrió la especie que conocemos bajo el nombre de "orquídea del azafrán". No sé qué incidentes tuvo con un nativo -los mexicanos son gente violenta-, que Guillermo Emilio desapareció de México con la misma presteza que anteriormente salió de Río Grande, después de Natal, luego de Bogotá y, finalmente, de Tampico. Algunos maldicientes susurraban que el primo Guillermo Emilio combinaba el robo con la caza, y yo no diré que sí ni que no, porque bien claro lo dicen las Sagradas Escrituras: "No juzguéis si no quieres ser juzgado".
Era él un hombre alto como un poste, de piernas largas, brazos largos, cara larga y fina y mucha alegría que gastar. Se le encontraba casi siempre vestido con un traje caqui, polainas y casco de explorador y un cuaderno bajo el brazo. En este cuaderno estaban pegados varios recortes de periódicos de provincia, donde se le veía junto a una planta de orquídeas acompañado de un grupo de indígenas sonrientes. Tal publicidad le permitió robar en muchas partes.
Este es el genio que yo me encontré una mañana de agosto en Tananarivo cuando semejante a un babieca abría los ojos como platos frente al disparatado palacio que ocupó la ex reina indígena Ranavalo. Este palacio lo construyó un francés aventurero que recaló en Madagascar huyendo de sus crueles deudores, y de quien me contaron extraordinarias anécdotas; pero dejémoslas para otro día.
Estaba, como digo, de pie, abriendo los ojos frente al palacio y rodeado de un grupo de cobrizas chiquillas con motas trenzadas y desparramadas, como los flecos de una alfombra, sobre su frente de chocolate. Por momentos miraba el palacio de la pobre Ranavalo, y si le volvía la espalda tropezaba con una multitud de robustos malgaches, que con la cabeza cargada de cestos de cañas pasaban hacia el mercado transportando sus plátanos. También pasaban rechinantes carros arrastrados por pequeños cebúes despojados de su rabo por una infección que permite salvar al buey sacrificando su cola. Yo conocía un chiste muy divertido respecto al buey y su cola, pero ahora no lo recuerdo. Adelante.
Mis proyectos eran variados. Uno consistía en marcharme a los arrozales de Ambohidratrimo, otro -y éste me seducía muy particularmente- en cruzar oblicuamente la isla partiendo de Tananarivo para el puerto de Majunga, y embarcarme allí para el archipiélago de las Comores. Ninguno de estos proyectos estaba determinado por la necesidad de los negocios, sino por el placer. De pronto escuché una gritería y vi a un viejo con casco de corcho que salió maldiciendo y riéndose a la puerta de su almacén, y al tiempo que maldecía y se reía, amenazaba con el puño la copa de un cocotero. Entonces, fijándome en donde señalaba el viejo, vi un mono con un gran cigarro encendido que se lo había robado. En el almacén ladero, un chino, con un blusón azul que le llegaba a los talones y una gran coleta, miraba al mono, que fumaba haciéndole amenazadoras señales.
-¡Tony! ¡Tú aquí, Tony!
¿Quién diablos me llamaba?
Me volví, y allí, para mi desgracia, estaba el primo Guillermo, con su traje caqui y el cuaderno debajo del brazo. Mientras cambiábamos las primeras preguntas yo pensaba en echarle escrupuloso candado a mi cartera. Sin embargo, me dejé persuadir, y Guillermo, tomándome de un brazo, exclamó en voz alta, tan alta, que creo que la pudo escuchar el chino del "fondak" frontero:
-Nunca entres al restaurante de un chino. Será un misterio para ti lo que te dé de comer.
Terminó mi primo de pronunciar estas palabras, se corrió una cortinilla de abalorios, y corpulento, con una barba despejada sobre su pecho y un turbante del razonable diámetro de una piedra de molino, apareció Taman. Arrastrando sus amarillas babuchas por el piso de madera, se aproximó a nuestra mesa, y Guillermo Emilio le dijo:
-Honorable Taman: te presentaré a un primo mío, perteneciente a una muy noble familia de América.
Taman me saludó al modo oriental; luego estrechó calurosamente mi mano y yo pensé si no había caído en una emboscada. Luego un chico tuerto, con una lamentable chilaba colgando de sus hombros y un fez rojo, depositó tres vasos de café sobre la mesa y el primo Guillermo me lo presentó:
-Es sabio y virtuoso como el ojo de Alá.
El pequeño tuerto me saludó lo mismo que su amo, y el primo Guillermo continuó:
-A ti puedo confiarme -miró en derredor cautelosamente-. Este prodigioso niño llamado Agib, ha descubierto la orquídea negra. Dice que de pétalo a pétalo la flor mide cerca de cuarenta centimetros.
-¿Y dónde descubrió ese prodigio?
-A ti puedo confiártelo. Es en el oeste del lago Itasy, sobre una falda del Tananarivo.
-¿Y por qué no la cazó él?
El tuerto, a quien su tío Taman encontraba sabio y virtuoso como el ojo de Alá, me respondió:
-Te diré, señor. He oído decir en ese paraje que en el tronco mismo de la orquídea se oculta una venenosísima serpiente negra...
- El primo Guillermo masculló:
-¡Supersticiones! ¿No sabes acaso, que el perfume de las orquídeas ahuyenta a las serpientes?
-¿Y qué piensas hacer tú? -intervine yo, que a mi pesar comenzaba a sentirme interesado en la aventura.
-Contrataré a dos indígenas. Cargaremos el tronco en una angarilla y traeremos la orquídea aquí.
Taman, el dueño del tabuco, que bebía su café silenciosamente, remató el diálogo con estas palabras, al tiempo que acariciaba la nuca de su sobrino:
-Este precioso niño no se equivoca nunca. Le aconseja un djim.
Finalmente, después de muchas conferencias, tratos y disputas, como se acostumbra en Oriente, Taman le alquiló al primo Guillermo Emilio su sobrino con las siguientes condiciones, de cuya puntual enumeración fui testigo:
TAMAN. - Convenimos tú y yo en que no le pegarás al niño con el puño ni con un bastón.
GUILLERMO. - Únicamente le pegaré cuando haga falta.
TAMAN. - Pero ni con el puño ni con el bastón.
GUILLERMo. - Pero sí podré utilizar una vara flexible.
TAMAN. - Sí; podrás. Le darás, además, de comer suficientemente.
GUILLERMO. - Sí.
TAMAN. - Le dejarás dormir donde quiera, sin forzar su voluntad.
GUILLERMO. - Sí; menos cuando esté de guardia.
TAMAN. - No serás con él cruel ni autoritario.
GUILLERMO. (impaciente). - ¡No pretenderás que le trate como si fuera mi esposa preferida!
TAMAN. - Bueno, bueno; te recomiendo a la alegría de mi vida, al hijo de mi hermana y a la preferencia de mis ojos.
Finalmente, una semana después, guiados por el tuerto Agib, salimos de Tananarivo en dirección al Norte. Dos malgaches, de pelo tan rizado que le formaba en torno de la cabeza una corona de flecos de alfombra, nos acompañaban como cargueros.
Primero cruzamos los arrabales y las aldeas vecinas, donde encontramos por todas partes, frente a sus cabañas de bambú y rafia, verdaderas colectividades de poltrones malgaches jugando al karatva, un juego muy parecido al nuestro que se conoce bajo el nombre de las damas, con la diferencia que ellos, en vez de tener trazado su tablero en una tabla, lo han pintado en un tronco de árbol.
Después dejamos detrás una larga caravana de cargadores de carbón, semidesnudos, andrajosos, algunos ya completamente ciegos, otros con larga barba blanca caída sobre el pecho desnudo rayado de costillas. Algunos se ayudaban para caminar con un báculo, y entre ellos venían jovencitas, y todos, sin distinción de edad, cargaban hasta cinco cestas redondas, puestas una encima de la otra, sobre la cabeza.
Cantaban una canción tristísima, y aunque el sol se extendía sobre los próximos mambúes, aquella caravana de espectros negruzcos me sobrecogió, y la consideré de mal augurio para nuestra aventura.
Al caer la tarde alcanzamos los primeros bosques de ravenalas, plantas de bananos de hasta treinta metros de altura, con anchas hojas abiertas como abanicos. Indescriptibles gritos de monos acompañaban nuestra marcha. Nunca me imaginé que los monos pudieran conectar tan variadísimas sinfonías de chillidos, rugidos, lamentaciones, gritos, ronquidos, rebuznos y aullidos como los que estas bestias peludas, negruzcas, rojas y amarillentas componían desde sus alturas.
El "Ojo de Alá", como irreverentemente llamaba Taman a su sobrino Agib, se había humanizado. De tanto en tanto volvía la cabeza y le dirigía una sonrisa de señorita tímida a mi primo, que, implacable como un beduino, seguía adelante sin mirar a derecha ni izquierda, a no ser para lanzar una de esas malas palabras que hasta a las bestias de la selva las obligan a enmudecer. ¡Pobre Guillermo Emilio! ¡Si sabía él para qué se apresuraba!...
Al día siguiente ya cruzamos un bosque de ébanos; luego descendimos a un valle y al cruzar un río cenagoso un cocodrilo, que tenía la misma cabeza conformada que una corneta, atrapó por una pantorrilla a un carguero y se lo llevó aguas adentro, y pudimos ver cuando otro cocodrilo, precipitándose sobre él, le llevó un brazo. El agua se tiñó de rojo, y nosotros nos alejamos consternados. Quedaba ahora un solo cargador malgache, con cara de gato de cobre, y cuyas motas las mantenía constantemente peinadas en trencitas, que le caían sobre la frente como los flecos de una gualdrapa.
El tercer día de nuestra expedición subimos a la altura de unos montes, cuya planicie parecía de cristalización vidriada, piedra negra, resbaladiza como canto de botella. Abajo se veía el mar de la selva, y allá, muy lejos, el confín aguanoso del océano Índico. A pesar de que estábamos en verano, arriba hacía frío. Después de caminar trabajosamente durante dos horas por esta planicie cristalina oscura, pelada de toda vegetación, comenzamos el descenso hacia un valle arborescente, verde como si estuviera recortado en grandes paños de terciopelo verde cotorra. Un gran pájaro azul cruzó delante de nosotros chillando ásperamente, y comenzamos a bajar, pero pronto nos envolvió una nube de estaño; mascábamos agua, y cuando quisimos acordar, casi sin tiempo para refugiarnos debajo de un peñasco, estalló una tempestad terrible.
Verticales centellas conectaban el cielo y la tierra, torbellinos de agua rodaban en el espacio sus trombas de lluvia, y los truenos y la noche nos mantenían acurrucados bajo una roca. De pronto, aquel monstruoso techo de tinieblas se resquebrajó, y nuevamente apareció el cielo azul, con un sol centelleante de alegría. Eran las dos de la tarde. Nos desnudamos y pusimos a secar nuestra ropa al sol, y por primera vez desde la salida de Tananarivo oímos, el rugido corto, parecido al ladrido de un perro afónico. Era una pareja de panteras que andaba cazando cerca de nosotros. Cenamos varios puñados de arroz hervido en agua con un poco de aceite y bebimos abundantes cuencos de cacao.
Luego nos echamos a dormir. Al día siguiente alcanzaríamos el paraje donde florecía la orquídea negra.
Aborrezco los detalles superfluos. Aquel viernes, a las diez de la mañana estábamos a un paso de la orquídea negra. Ismaíl nos había guiado hasta un pequeño sendero rayado de troncos podridos de ravanalas y acacias. Este sendero estaba cerrado al fondo por un murallón de roca, pero cubierto también de una alfombra de musgo, y allí, al fondo, derribado sobre el roquedal, se veía un tronco podrido, tan deshecho, que no podía precisarse a qué especie vegetal pertenecía. Y de este tronco arrancaba un tallo, y al extremo de este tallo..., ¡jamás he visto nada tan maravilloso, ni aun pintado!
Era una estrella de picos fruncidos, tallada en un tejido de terciopelo negro bordeado de un festón de oro. Del centro de este cáliz lánguido, inmenso como una sombrilla de geisha, surgía un bastón de plata espolvoreado de carbón y rosa.
Todos lanzamos un grito de admiración. Guillermo Emilio se aproximó, estudió el tronco, lo removió con una palanca muy fácilmente, sacó del bolsillo un puñado de monedas de plata, las repartió entre Agib y el carguero malgache y les dijo:
-Retírenla cuidadosamente. Si llegamos a Tananarivo con la flor completa, les daré el doble.
Armados de hachas y palancas Agib y el malgache comenzaron a separar el tronco de su base musgosa. Guillermo y yo dimos principio a la construcción de una angarilla de bambú provista de su correspondiente techo.
-Este ejemplar nos reportará veinte mil dólares, por lo menos -cuchicheaba Guillermo, mientras ataba las cañas.
Nunca escuché un grito de terror semejante. Salté hacia la orquídea, y allí, arriba del murallón, vi al niño musulmán con la cara cruzada por un látigo de aceite negro; de pronto este látigo de aceite negro cruzó el espacio, y ya no le vimos más. Un doble hilo de sangre corría por la mejilla de Agib.
Fue inútil cuanto hicimos. Cubierto de sudor sanguinolento, estremeciéndose continuamente, pocos minutos después moría Agib. Tenía razón. Una serpiente negra se ocultaba bajo el tronco de la orquídea.
Yo mentiría si dijera que la muerte del Ojo de Alá, como le llamábamos un poco burlonamente, nos importó. Estábamos envenenados de codicia.
Veinte mil dólares danzaban ahora en nuestra mente. El mismo malgache había salido de su apatía oriental, y dos horas después, no sin matar previamente una araña venenosa, gorda como un sapo, cargamos en la angarilla el tronco de la orquídea.
Y con esta preciosa carga, una semana después entrábamos al tabuco de Taman.
-Déjame a mí; yo le hablaré -dijo el primo Guillermo Emilio.
Recuerdo que Taman salió a nuestro encuentro sumamente pálido. Tenía ya noticia de la muerte del hijo de su hermana.
Pero me llamó la atención que no se dignó dirigir una sola mirada a la preciosa flor, cuyos festones de terciopelo y oro llenaban la mísera habitación revestida de tapices baratos y alfombras, mezquinas, de un monstruoso prestigio de sueño chino. Nos miramos todos en silencio: luego Taman dijo:
-¿Dónde han dejado al hijo de mi hermana?
Creo que el primo Guillermo empleó cinco mil palabras para explicarle a Taman el final del Ojo de Alá. Mesándose la barba, lo cual es signo peligroso en un musulmán robusto, Taman escuchaba a Guillermo, y cuanto más profundo era el silencio de Taman, más impaciente y voluble era la cháchara de Guillermo. Y de pronto Taman, cuya exquisita educación no hacía esperar esta reacción de su parte, agarró un garrote, y levantándolo sobre la cabeza de Guillermo, dijo:
-¡Perro maldito! ¡Cómete esa orquídea!
-¡Taman -suplicó el primo Guillermo-, Taman, entiéndeme: ni tú, ni yo, ni él tuvo la culpa! En cuanto a comerme esa orquídea, no digas disparates. ¿Te comerías veinte mil dólares?
-¿Cómete esa orquídea, he dicho!
-Entendámonos, Taman: tu querido sobrino...
-¡Vas a comerte esa orquídea, perro!
El tono que esta vez empleó Taman para amenazar fue terrorífico. Que el primo Guillermo se percató de ello lo demuestra el hecho que sin ningún pudor se arrodilló delante de Taman, y tomándole la chilaba, le dijo:
-Escúchame, honorable hermano mío...
Una sombra de ferocidad cruzo el rostro de Taman. Guillermo Emilio vio esa sombra, y con infinita melancolía se dirigió a la angarilla donde la orquídea negra dejaba caer su picudo cáliz de terciopelo y oro.
-Taman, piensa...
-¡Come! -ladró Taman.
Entonces por primera y probablemente por última vez en mi vida he visto a un hombre comerse veinte mil dólares. El primo Guillermo desgarró la orquídea de su tronco, y con la misma desesperación de quien devora sus propias entrañas comenzó a morder y tragarse el suntuoso tejido de la flor.
Cuando Guillermo terminó de comerse el último pedacito de terciopelo y oro, Taman salió del tabuco en silencio, y Guillermo se desmayó.
Estuvo dos meses enfermo del estómago, y cuando creyeron que se había curado una peste curiosísima, manchas negras con borde bronceado, le comenzó a cubrir la piel en todas partes del cuerpo, y aunque varios médicos sospechan que es una afección nerviosa, ninguna autoridad sanitaria le permite al primo Guillermo abandonar la isla donde "se comió su fortuna".

4 de marzo de 2016

INVITACIÓN



INVITACIÓN 
12º ENCUENTRO HISPANOHABLANTE
de NARRADORES y POETAS 

"LETRAS de OTOÑO"

Este Encuentro de Escritores se realizará los días 19-20-21 de Mayo próximos en la localidad de Bialet Massé (Córdoba, Argentina).

Los interesados en participar del mismo deberán enviar un e-mail a encuentros@lahoradelcuentoBM.com para que le enviemos la invitación respectiva conteniendo toda la información necesaria sobre el Encuentro en sí, la hotelería y el desarrollo de las jornadas.

Muchas gracias.

INSCRIPCIONES ABIERTAS

22 de febrero de 2016



Desde el año 2003 "La Hora del Cuento" como Organización Cultural se ha abocado a la difusión de las Letras con la organización de dos encuentros anuales de escritores hispanohablantes; pero siempre entendimos que la cultura abarca todas las expresiones del arte, y es por eso, que pretendiendo dar lugar a las distintas manifestaciones artísticas y tras mucho caminar creemos que estamos listos para ampliar nuestro horizonte y generar una nueva propuesta, y por esta razón en 20...16 llevaremos adelante nuestro:

1º Encuentro Nacional de Coros
“Voces que liberan sueños”
BIALET MASSÉ (Córdoba, Argentina)


Los coros interesados en participar en este Encuentro Coral deberán solicitar información a la siguiente casilla de e-mail:

encuentrodecorosBM@gmail.com


¡ESPERAMOS SU PARTICIPACIÓN!

¡GRACIAS POR SU INTERÉS y DIFUSIÓN!


Organización Cultural "La Hora del Cuento"

11 de febrero de 2016

Nuevo servicio de corrección de textos

Si necesitás corregir tus cuentos, relatos, novelas, poesías o texto en general podemos ayudarte...

2 de febrero de 2016

12º Encuentro Hispanohablante de Narrativa y Poesía

INSCRIPCIONES ABIERTAS




Colegas escritores y escritoras quedan abiertas las inscripciones para que puedan ir consultando e inscribiéndose a nuestro “12º Encuentro Hispanohablante de Narradores y Poetas” a realizarse en la localidad de Bialet Massé (Córdoba, Argentina) los días 19, 20 y 21 de Mayo venideros.

Pueden participar escritores argentinos y de cualquier país de habla hispana tal como siempre ha sucedido en todos los años que organizamos nuestros Encuentros.

Para interiorizarse del Encuentro en sí y de los costos de participación envíennos un correo electrónico a:

 lahoradelcuentoBM@lahoradelcuentoBM.com 

y les responderemos a la brevedad.

El plazo de inscripción vence el día 15 de abril.

Recuerden que con la participación en el Encuentro también lo hacen en la clásica “antología en papel” que entregamos en cada uno de nuestros eventos literarios.

Como siempre recomendamos pregunten, asesórense e inscríbanse lo antes posible para hacer la reserva hotelera y evitar congestión en los últimos días.

Desde ya estamos agradecidos por su interés y esperamos su asistencia una vez más a uno de nuestros clásicos Encuentros, en este caso el número 12 en los otoños serranos.


Organización Cultural “La Hora del Cuento”




25 de enero de 2016

Literatura e Internet: ¿sueñan los escritores con novelas eléctricas?


"Todos nuestros sueños ya son de Windows", dice un personaje de Te quiero, la novela de J. P. Zooey. Una frase que, con su entonación publicitaria, parece burlarse de la libertad con la que, según creemos, nuestra imaginación y nuestros deseos se dispersan por las redes virtuales. Como nunca en la historia de la humanidad, la información está al alcance del público a costos relativamente baratos. Internet representa el archivo más completo de casi todo el saber, las imágenes, las narraciones y los productos comerciales. Provee los medios de comunicación que alimentan y ponen en circulación nuestra cultura. El conocimiento está allí, al alcance de un teclado, lo que debería representar una garantía de libertad de elección y de creatividad. Sin embargo, la pregunta que nos deja la novela de Zooey parece el despertar de una pesadilla borgeana: ¿somos nosotros los que expresamos nuestras ideas a través de la Red o es la Red la que nos piensa?

Después de que el chisporroteo de la Alt Lit, nacida de los casi extintos blogs, mostró el potencial de una literatura nacida en Internet, es la propia literatura la que da su mirada sobre cómo la informática transforma la experiencia. Seis novelas de autores argentinos jóvenes, con muy diversos estilos e ideas narrativas, invitan a reflexionar sobre la potencia y los límites de la cultura digital en la segunda década del siglo XXI.

En Te quiero (Páprika 2014), J. P. Zooey, seudónimo tras el que se oculta un misterioso autor argentino, describe la relación entre Bonny y Clyde, dos jóvenes de veintitantos que se conocen a través de la Web. Él es un escritor inédito que sobrevive gracias a una beca universitaria y ella estudia con desgano diseño de indumentaria mientras trabaja en una lavandería. Con una ligereza más que sospechosa, Zooey describe sus encuentros cotidianos: comidas levemente vegetarianas alternadas con pizzerías, videos musicales de YouTube, charlas en WhatsApp, cuidados a sus gatos Já y Deschanel, planes para realizar asaltos a joyerías que no se narran en la novela pero que la pareja ensaya mirando tutoriales en Internet. Se declaran alegremente apolíticos, cada conversación está puntuada por alguna referencia pop y calman sus ataques de pánico recitando marcas comerciales: "Vegetalex, Midax, Skype, Dell, Lenovo, MercadoLibre, Google, Microsoft, YouTube, Curitas, Proplan, Polka". En esa banalidad extrema, los personajes logran sin embargo resultar conmovedores. Zooey registra un código sensible que cualquier navegante de Internet captará de inmediato, porque está cifrado en la puerilidad de su lenguaje: "Estarías pareciéndote a un pibe Face y te quiero y correría como un conejo hasta abrazarte y desearte suerte". No es que no tengan nada interesante para decir, sino que la novela decide anular la relevancia de lo que dicen.

"Jonny dijo algo sobre un vehículo ideológico", "Bonny dijo algo sobre el saber y fue al baño": cualquier idea propia de los discursos tradicionales del saber se anota apenas como "algo". Así, frases filosas como "los psicóticos son los emprendedores del mañana" quedan diluidas en esa ligereza de "Pibe Face". Nada, o casi nada, pasa, y sin embargo, la novela nos interpela porque difícilmente se encuentre un texto más contemporáneo en el que reconocerse. Te quiero resulta inquietante porque sintetiza identidades codificadas según las pautas de las redes sociales: su sensibilidad es infantil, pero también efectiva como un emoticón.

Sagrado Sebakis (Buenos Aires, 1985) es todavía más osado en su diagnóstico de la cultura 2.0. En su novela Gordo (Milena Caserola, 2011), va más allá de la superficie expresiva de la Web para preguntarse cómo es la formación cultural de alguien educado en el abismo sin fondo de la red de redes. Su narrador es un "croto digital" de 150 kilos, culto, desprejuiciado y voraz. Recorre con ferocidad el modesto under literario argentino y latinoamericano, consume drogas y fiestas, consigue todo el sexo que puede y navega, busca incansablemente productos culturales, literatura clásica y canciones pop, reversiones de la canción pop, reversiones de la reversión de la canción pop, hasta que, como le sucede a cualquier adicto, conciliar el sueño se vuelve la más anhelada utopía. Gordo se lee como una versión actualísima del Yonqui, de William Burroughs, en la que la heroína se cambia por videos, música, textos, juegos, ficciones y pornografía. La cultura es una lista de tags interminable que lleva de Scott Fitzgerald al Mortal Kombat y de Robert Walser a Ricardo Montaner, en encadenamientos que no dejan de producir sentidos cada vez más veloces, hasta el desmayo, literal, frente a la pantalla ("Duermo una hora. Tenso la mandíbula de más. Me duele la muela. Me levanto. Voy al baño. Agarro el cepillo. Me siento en una silla de la cocina. Me cepillo sentado. Me quedo dormido. Se me cae el cepillo. Me despierto. Levanto el cepillo y lo dejo sobre la mesa. Me acuesto. Duermo media hora. Me despierto. Me levanto de la cama. Intento fumar porro. Me quedo dormido. Se me cae el porro. Se me cae el cepillo. Se me cae el encendedor. Se me cae el alma"). En esa biblioteca de Babel hecha de infinitos fragmentos apenas legibles, la información carece de valor, es un caos mudo que sólo puede escuchar quien sepa leer, es decir, quien construya un modo particular de decodificar la maraña y construir su sentido propio. Así define Sebakis a sus Happy Few: "Esos seres capaces de ver, a través de la codificación y el enrosque, la enumeración y la velocidad. Buscadores incansables, cargados de vida. Aquellos que no terminan de comprender si es que todo el tiempo están sorprendiéndose de todo como recién nacidos o si es que nada los sorprende."


Los conspiradores


Ver a través del código es, para Sebakis, no dejarse atrapar por la seducción de una cultura reducida a su consumo mercantil. El "código" informático se transforma en metáfora literaria para pensar la disputa de valores simbólicos. Con su elegante arquitectura, la novela de Nicolás Mavrakis (Buenos Aires, 1982), El recurso humano (Milena Caserola, 2014), lleva al extremo esta oposición entre apreciación y cuantificación, y considera la posibilidad de que el deseo, el impulso básico de la experiencia humana, pueda ser transformado en una variable administrada por un algoritmo. El narrador, un programador freelance de spam, cuenta el pasaje de una relación sentimental a otra. El diario de su relación amorosa con Verónica se narra desde el fin hacia el comienzo, desandando su camino. Los capítulos de ese amor se intercalan con la historia de la infidelidad que inicia su relación con Konstanza. Una lucha de pasiones que es también el fin de un viejo mundo y el nacimiento del nuevo. Konstanza forma parte de una suerte de conspiración tecnológico-corporativa que tiene como objetivo construir un código global de los hábitos de consumo, para predecirlos y, si es posible, manipularlos: "El perfeccionamiento total de una mercancía amoldada a los deseos predecibles de cada consumidor consta de la construcción de una burbuja cerrada e individual de deseos". La pregunta que surge es si la tecnología de la información es el medio por el que el hombre acabará definitivamente con su naturaleza animal, incontrolable, pero también creativa: "¿Somos libres de pensar, sentir y experimentar todo lo que pensamos sentimos y experimentamos, o se trata de rumbos predefinidos, de pensamientos ya procesados, de sentimientos catalogados, de experiencias acotadas a una esfera cerrada de posibilidades predecibles a partir de una fórmula algorítmica? ¿Es el deseo realmente una fuerza incontrolable?". La cultura, entonces, dejaría de ser "un cruce entre aldeas" diversas, el encuentro con "el otro radical". La hipótesis hiperbólica de esta ciencia ficción paranoica define un nuevo tipo de héroe libertario: el criptólogo. La conspiración a la que pertenece Konstanza transmite los datos del mapeo de los deseos humanos a través de "macrogramas", inscripciones crípticas disimuladas como grafitis en cada zona de la ciudad. Están allí a la vista de todos, pero sólo los iniciados pueden leerlas. El poder para vencer al Gran Hermano no lo tiene quien posee la información sino el que es capaz de romper el código, el que sabe leer.

Las constelaciones oscuras (Random House, 2015), de Pola Oloixarac (Buenos Aires, 1977), lleva el fantasma del control absoluto hacia una hipótesis del salto evolutivo biotecnológico. En sus ideas científicas se pueden reconocer, con leves diferencias, la teoría de la bióloga Lynn Margulis, dueña de una mirada antidarwiniana de la evolución basada en la simbiosis bacteriana como factor de vida, y que, en sus hipótesis más extremas, piensa el rol evolutivo de la humanidad como el de una especia destinada a "incubar" tecnología. Así, la vida se serviría de eso para expandirse a otros planetas. Oloixarac toma esta idea de simbiosis para imaginar un sistema de control biométrico basado en la combinación de memoria digital con materia orgánica. La novela narra la historia de un hacker, Cassio, que se involucra en el proyecto Estromatoliton, otra vez, un conglomerado de empresas privadas y públicas que acumula información de la población. Pero en este caso, a los recorridos de consumo se suman los "trayectos vitales", su código completo de ADN y todos sus movimientos. Se trata del control sobre la información total de lo viviente, una cantidad de datos inconmensurable, sólo procesable por la combinación de memoria digital con material biológico. Y sobre todo, se trata de la capacidad de vigilancia y control absolutos sobre la vida en manos de una empresa privada. Contra ese fantasma, Oloixarac recupera el espíritu libertario del hacker, el héroe mutante que se inmolará inyectándose los datos del sistema como un virus contagioso, para volverlos públicos y, por lo tanto, carentes de valor.

Una de las características cruciales de ambas novelas de ciencia ficción conspirativa es que, mientras que décadas atrás narraciones como Matrix o Terminator pensaban el apocalipsis como una lucha entre máquinas y humanos, El recurso humano y Las constelaciones oscuras deben ya hilar más fino: el sometimiento del hombre al control informático surge de sus propias convulsiones internas, de sus deseos y de su evolución biológica y social. Una contradicción que se repite en el origen híbrido de Internet, entre el proyecto militar y la vanguardia intelectual y libertaria de los programadores. En esa ecuación, Oloixarac reivindica al tradicional hacker contracultural, un modelo que, entre las ficciones online actuales, reaparece en la serie Mr. Robot, inspirada en la evanescente asociación internacional de hackers Anonymous.


Paranoia y delirio


En el archivo total de Internet conviven, entonces, la anarquía creativa y el orden homogéneo de la cultura como bien de consumo. Para observar con distancia iluminadora esa contienda, la literatura trabaja desde los bordes de la cultura, tomándola como material pero imprimiéndole su propia búsqueda y su lógica. En estos relatos, esa estrategia posible para el arte se sirve de dos formas de la imaginación: la paranoia que interpreta sin fin las redes, informáticas y sociales, y el delirio que desbarata todas las categorías de clasificación (según la definición de Ricardo Piglia, el lugar del monstruo, lo que no entra en ningún orden conocido). Un ejemplo reciente de ficción paranoica sobre la cultura digital es la novela Cataratas (Random House, 2015), de Hernán Vanoli (Buenos Aires, 1980). Con el estilo de la ciencia ficción cercana en el tiempo, casi realista, Vanoli construye un futuro tecnocrático propiamente sudamericano y tercermundista: desastrado y exuberante, violento y gozoso. En ese futuro próximo todos los actores políticos forman parte de un mismo sistema cerrado: los Estados, las corporaciones (sobre todo Google Iris, una empresa informática de espionaje legal de los ciudadanos), las fuerzas de seguridad, la economía informal, los grupos guerrilleros. Aun los sectores en conflicto están conectados en algún punto de la red. En ese contexto, un grupo de sociólogos asiste a un congreso, más preocupados por sus becas y sus luchas de poder que por la verdad de sus investigaciones. Sólo lograrán comprender cómo funciona el sistema que dicen estudiar cuando uno de ellos cometa un crimen, es decir, cuando pasen del otro lado de la ley y vean por fin el funcionamiento completo de una sociedad que incluye la corrupción como uno de sus fundamentos necesarios.

En el otro extremo de la imaginación, el delirio desbarata las clasificaciones existentes y se aventura a nuevos e impensados mundos. A ese impulso responde el libro de cuentos Las redes invisibles (Momofuku, 2014), de Sebastián Robles (Villa Ballester, 1979). Robles toma las redes sociales como géneros: clasificaciones y modelos de relatos posibles y modos de expresión, y los pone a bailar. Como un tratado futuro de antropología, cada cuento se detiene en su propia red social: una para compartir la experiencia de la muerte; otra en la que se obtiene la indiscutible pareja perfecta; otra exclusiva para animales, en la que, gracias a ciertos dispositivos, éstos logran comunicarse y comenzar una rebelión contra los humanos; otra en la que se hace realidad el borgeano mundo de Tlön; una que, secretamente desde la década de 1930, agrupa a todos los intelectuales argentinos del siglo XX. Al crear redes inexistentes para la ilimitada imaginación humana, Robles nos permite ver los límites de las redes existentes en las que intentamos dar una imagen pública a nuestras vidas reales.

El océano eléctrico de la información es mudo. Para oírlo es necesario interpretarlo, y la literatura puede hacerlo imaginando los mundos que son posibles y los que no lo son, lo que sobrevive y lo que ya ha muerto. Con tales recursos, estas novelas actuales se proponen "descraquear" los códigos superficiales de las redes informáticas para leerlas en profundidad. Así logran hacer de la imaginación escrita una experiencia para nuevas sensibilidades, capaces de brindarle sentido a un mundo cada vez más saturado de presente. De ese modo, como solía desearlo Fogwill, la lectura y la escritura se transforman en una estrategia para no ser escritos por otros.


Fuente: Diario "La Nación" http://bit.ly/1SHkieH

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